Catastro de Extranjeros, parte 2

Porque no hay primera sin segunda, queridos lectores, acá vamos con el catastro de extranjeros parte 2. La verdad es que este post iba a ser un poco distinto, pero en el transcurso de las semanas los astros se alinearon e hicieron que esta segunda parte se re-organizará, moviendo algunos especímenes de acá a la tercera parte. Ya les contaré.

En esta ocasión nos encontramos con dos seres de continentes distintos, pero que tienen algo en común: pendejos y demasiado cercanos. Así es señores, nunca pensé que me ocurriría…pero me gustaron dos bebés. Dos nenes menores que yo. Mucho menores no, un par de años nada más. Pero luego de una racha intocable de puros hombres con 3 años o más que yo, el universo me sorprendió. Ahora, ¿por qué demasiado cercanos? porque hay errores que uno comete varias veces… y nuevamente caí por mis vecinos (si, ambos).

Uno un italiano hermoso. No tengo otra palabra para describirlo: HERMOSO. También era interesante, divertido e inteligente. Pero en realidad cuando lo veía no pensaba en esas cosas. Mi única idea en la cabeza era él y un tarro de nutella… en su guata. Un par de veces me lo topé en el pasillo, aquellos días maravillosos en donde el Universo decidió darme un regalo, y lo puso a él botando la basura en ropa interior (GRACIAS!!). Pero como siempre… hubo onda 5 minutos, y luego la no-química se encargó de lo suyo.

El otro es una historia un poco más larga…. y la contaría si valiera la pena, pero terminó tan mal que ni si quiera amerita ciberpalabras. Pero para no dejarlos así, les hago un resumen: latino, buena onda, torpe, pendejo, me hacía reír como nadie. Lo pasábamos increíble juntos, teníamos la mejor confianza de la vida, realmente muy buenos amigos. El problema fue cuando las cosas se mezclaron, y sin que pasara nada fue como si pasara de todo. No tuvo que haber contacto físico para que las palabras hagan lo suyo, y arruinen todo. TODO. De esos amores prohibidos que es mejor ni acordarse, porque al final te diste cuenta que como prohibidos estaban mejor, y que concretarlos no iba a llevar a ningún lado. RIP.

En fin queridos. Queda (por ahora) un capítulo más. Este dedicado a un extranjero en particular, uno de esos lugares donde se baila apretado, se toma sin bebida y se come arroz y platano en cada comida.

Silla!

Chai

Catastro de Extranjeros, parte 1

Como les conté en el post pasado, hace unos meses estoy viviendo en el Gran Buenos Aires. Y como buena nueva inmigrante, en vez de conocer argentinos, he conocido extranjeros. Esto se vio facilitado por mi primer trabajo en el país: recepcionista nocturna de hostel. Quitando la no-simpatía de mis jefes y mi no-sueldo, la pega es un sueño: conocer mucha gente, practicar idiomas, ver bellísimos paisajes y que la gente te de chela gratis. Es real. Al recepcionista siempre le llega alcohol, viva la cooperación internacional.

Y bueno, dentro de los bellos paisajes que pude contemplar en mi corta estadía, hubieron algunos destacados:
– El gringo que parecía lindo, hasta que me di cuenta que estaba de patio: Una breve aproximación a la locura estadounidense. Paranoia, consumismo y autoreferencia al por mayor. Y, por qué no decirlo, un poquito de delirio también. Su existencia me pareció bella tan poco rato que casi no merece ser mencionada… pero bueh.

– El australiano hermoso, pero con las habilidades sociales de un dragón de komodo: Bello e inteligente, este ser misterioso llegó una noche al hostel, deleitándome con su aire de lobo estepario. Me senté junto a él, esperando compartir una cerveza, pero nunca me dio. De todas maneras me quedé ahí, y conversamos durante horas sobre la vida y la muerte… o no… más bien sobre el mundo de la academia y las diferencias socioculturales entre Chile y Argentina. Era un doctor en sociología, así que tocaba desplegar la experiencia de laboratorios y ñoñeses. Lamentablemente esto no fue suficiente. La inteligencia no parece ser sexy en estos días, por lo que igual que un bambi asustado, el australiano se fue a acostar solito y no intento conversar más. Chau, al cabo que ni quería.

– Vivre la France!!!: Ohmargot… hay seres bellos y este hombre. Entró a la recepción un domingo en la mañana y me enamoró en dos segundos. Mirada de niño, sonrisa fácil, pelo negro, rulos y barba… un hombre que parecía tener escrito VPA (aka: VENGA PA’ ACÁ) en la frente. Todo partió bien. Miradas iban y venían, risitas también. Conversamos durante horas esa noche, bastante cerca. El tipo era un mago, que parecía sacar maravillosas facetas, gustos e intereses como cartas debajo de la manga. Ay señor, hubieras sido tan generoso si me lo hubieras regalado para mi cumpleaños. Pero la estadía no fue lo suficientemente larga como para que algo resulte… o yo no fui lo suficientemente encantadora… o mi amiga italiana lo fue en demasía… qué se yho boludo. La cosa no fue, y ni con su facebook me quedé.

El catastro no termina queridos seguidores, pronto la segunda parte.

CHAI <3

Vuelve la hija pródiga

Hola mundo. Primero que nada… perdón. Se me cae la cara de vergüenza. He dejado este blog demasiado botado, y no ha sido por falta de aventuras. No quiero prometer nada, porque sé que soy un asco para ser sistemática en el mundo de la blogosfera, pero si les puedo decir que daré lo mejor de mi!! (léase con entonación de serie animada japonesa con doblaje mexicano).

Pongámonos al día: La vida ha dado hartas vueltas queridos. Si. Mi cansancio solteril y cirroso finalmente hizo crisis, y culminó en una gran decisión: irme del país. Es real. Ya no les escribo desde mi Chilito lindo hermoso, sino que desde la gran Capital Federal, Buenos Aires, Argentina…ché. Llevo 3 meses y contando y, si bien… en teoría… vuelvo en diciembre, ya me siento como en casa. Aunque en realidad eso está más relacionado a que acá estoy haciendo lo que amo, y en Santiago simplemente estaba haciendo lo que pensaba que amaba. Y no. Definitivamente no.

Bueno, la cosa es que después de tanto mambo solitario, cientos de lolos no correspondidos y un vacío existencial de aquellos, decidí que era hora de tomar las riendas del asunto y hacer algo al respecto: Huir. No, mentira, no fue huir. Fue tomar un riesgo en búsqueda de nuevos aires… de buenos aires (horriblemente cliché mi comentario, lo sé, mátenme). Y en eso estamos, respirando nuevos aires, probando nuevos acentos, catando nuevos hombres y nuevas nacionalidades. Hasta ahora de argentinos he visto poco, porque digamos que no es una cultura tan abierta como yo hubiera pensado. Pero no me quejo, porque he estado en el epicentro de la inmigración, lo que me ha permitido conocer gente de acá, allá, por ahí y más al fondo. Bien ahí.

Ahora, no sé si se lo preguntan… pero yo si me lo he cuestionado… ¿He sido fiel a mi insignia? ¿Me he mantenido leal a mi nombre y apellido: soltera con cirrosis?… Pues, la respuesta no es fácil. No les mentiré mis queridos, he tenido períodos de abstinencia. Si, lo sé, es horrible, pero quiero ser honesta con ustedes. Mi poder adquisitivo acá es deplorable, por lo que mi hígado no recibe de tanto cariño como en Santiago. Pero aún así le pongo empeño, y hago todo lo posible para ser una honorable representante de la cirrosidad. Porque esta condición no me suelta señores. Soy fiel a la camiseta.

En fin. De ahora en adelante les iré contando las distintas aventuras y desventuras que ocurren acá. Por lo pronto sólo diré una cosa: ¿SEÑOR POR QUÉ, POR QUÉ ME QUITASTE MI VINO QUERIDO? EL MALBEC NO ES CARMENER. EL VINO BARATO ES MALO. OH SEÑOR, ¿DÓNDE ESTÁ MI CAJA DE SANTA HELENA? ¿DÓNDE ESTÁ MI VINO DE RESERVA DE 3 LUKAS? ¿DÓNDE SEÑOR?… Es un obstáculo que aún no supero, y no sé si lo haré.

No queda más que ser fuerte, y vivir a costa de quilmes.

Chai

Vino

¿Calienta sopa o Gallina McFly?

Hablemos sin tapujos: no hay nada más desagradable que los seres calienta sopa. Esto aplica para mujeres, hombres, cocinas, etc. ¿Por qué alguien le avivaría la cueca a un ser por el que realmente no tiene ningún interés? Ayayay. Pensaba que, si bien estoy soltera, el universo al menos tenía un poco de diversión de a dos para mi. Más no. Aquí voy.

Cuando chica, en general era bien amiga de mis compañeros de curso. Siempre estuve en el mismo colegio, por lo que era una suerte de gran hermana en ese grupo de humanos. La hermana de todos. O casi todos. Cuando tienes 16 años, generalmente eres una bolsa de hormonas, y si se integra un ser humano nuevo a tu curso de 25 no-agraciados hombres, el piso se mueve. Repitente, de mal carácter, el clásico weon pesado que no-sé-por-qué a una de vez en cuando le gusta (bueno, para algunos seres esto es criptonita. Para mi esto es una excepción), pero que sabía taaanto de literatura, que se me caía la baba (entre otras cosas). El único problema era que, obvio, estaba pololeando. A la polola la tenían cortita con las salidas, y era de otro colegio, así que por alguna razón este ser humano -que llamaremos Marty McFly- pasaba bastante tiempo conmigo. Siempre conversábamos en los recreos, después de clase, por teléfono, MSN, etc, etc, etc. No nos molestaba pasar horas conversando de literatura, música o la vida. A mi me encantaba con locura, y él tampoco parecía estar indiferente, porque coqueto como nadie…! Pasaron los meses, y la polola seguía ahí. De hecho, nunca se fue.  Lo que si se esfumó fue mi paciencia por lo que, a final de ese año, decidí alejarme progresivamente. Al poco tiempo yo conocí a alguien y me puse a pololear. Salí del colegio y no supe más de Marty.

Hasta este año. Exposición de los 100 años de Parra. Iba caminando desprevenida, cuando siento una mano en mi hombro. Me doy vuelta y ahí estaba: No tan hermoso como hace 7 años atrás, pero aún así manteniendo su encanto. Me saludó con un abrazo de esos largos, y me invitó a tomar un café. Volvimos a tener una tarde como la de aquellos tiempos, hablando de literatura y la vida. Él menos pesadito, yo menos groupie, los dos más grandes y (por qué no decirlo) solteros. La cosa partió de manera sutil: “oye que estay bonita”, “Jajajaja, es que antes estaba pololeando, pero no era que no quisiera. Por suerte ahora estoy soltero”, “Tu y yo nos tenemos que poner al día…”, o más o menos sutil, para avanzar rápidamente a conversaciones constantes por teléfono y coqueteo sin miramientos.

Ahora, como la cosa no podía ser fácil, ni si quiera para un mero encuentro casual, esta relación -salvo esa primera vez- se mantuvo en el mundo de las palabras, palabras, palabras (como dice esa canción italiana https://www.youtube.com/watch?v=1hejSyjn760). El tipo por alguna razón que no viene al caso, era sumamente ocupado, por lo que nunca tenía disponibilidad en su agenda para que nos juntemos. Pasaron un par de meses, la cosa iba y venía, hasta que un día me dijo que tenía ganas de verme, “vámonos a la playa juntos”. WOW. Gran salto a la realidad. Pero como me las doy de chora, dije si sin si quiera meditarlo. Total… estoy soltera.  Si soy muy sincera, el tipo ya no me mataba. Si, era sexy, pero su look ya no me evocaba ningún nervio adolescente y, a decir verdad, tampoco su conversación. Pero de que había química, la había. Y hace mucho que no tenía química con alguien, así que la cosa prometía. Fijamos una fecha cercana, por lo que yo comencé a hacer algunos rituales necesarios para irme con él. Tenía ganas, no voy a mentir. La idea de tener algo de contacto humano me gustaba bastante… O sea, Dios soy soltera, pero no monja!! Esto era justo y necesario.

Se acercaba el día, y más hablábamos. Ya había planes concretos para ese fin de semana con lugar, itinerario, todo. Aún así, gracias a un año repleto de perros que ladran pero no muerden, yo mantenía mi postura de no ver hasta creer. Afortunadamente fue así, porque el mismo día en que partíamos me llega un mensaje: “Pucha… me acaba de surgir un compromiso irrenunciable. De verdad perdona, esta no era la idea, pero me es imposible ir. Ojalá eventualmente nos podamos ver“.

Es aquí donde yo me pregunto… ¿QUÉ CHUCHA? ¿Estaré haciendo algo mal? ¿Seré un radar de calienta sopas? ¿un radar de Gallinas McFly? ¿O qué? Porque de que fui clara con mis intensiones, lo fui. No me pasé rollos, no hice ningún plan romántico, estaba realmente entregada a que la experiencia fuera lo que fuera. Pero una vez más no es. Y bueno, es la vida nomás. Pero eso de que girls wanna have fun, es real e impostergable.

En fin. Respondí su mensaje con un sutil “chao”, y me dediqué a carretear sin pudor ese fin de semana. Pero igual quedo con una sensación media amarga. Vuelvo a preguntarme si es que no estaré haciendo algo mal, aparte de pésimas elecciones en cuanto a hombres. Así como a darle vueltas a recurrente tema de qué-chucha-le-pasa-a-los-seres-calieta-sopa, qué ganan ahí, jugando al límite del deseo ajeno, ¿será puro ego? ¿puro regocijo en el deseo del otro? ¿o hay un dejo de cobardía, de miedo a concretar?

¿Qué opinan ustedes? ¿AH?

Quiero leerlos!!

Chai

Encuentro con Frodo, parte II

Dicen que “ignorance is a bless”,  y efectivamente en este caso lo es. Y no me refiero sólo a Frodo, sino también a que juraba que esta historia se había subido entera,  y sólo ahora (gracias a mis fieles lectores) me doy cuenta que NO FUE ASÍ. Exacto, nunca me enteré de que este post se subió a medias, bad girl. Prometo que no fue una movida estratégica para hacerme la interesante, sino que un sincero acto de descuido. Por lo mismo ahora, en un acto reparatorio, continuaré con la historia.

Quedamos de juntarnos a las 20 en un conocido local de Providencia. Ese día desperté ansiosa. Me demoré mil años en aceptar que iba a estar demasiado arreglada para ir al trabajo, pero no tanto como para salir con alguien. Después de varias horas de tortura, partí al encuentro. Obviamente, llegué mil años antes. No porque estuviera ansiosa, sino porque no quería pagar el horario punta del metro (nerviosa, pero consciente, y un poco cagá también). En mi cabeza esto sería una excelente oportunidad para mirar cosas por ahí, leer y relajarme. En la realidad, sólo sirvió para torturarme más, y sentarme a fingir que leía, cuando en verdad estaba demasiado nerviosa para entender el chino mandarín del que parecía estar hecho mi libro.

5 para las ocho me paré de mi banca, y fui al encuentro. Me apoyé en un farol, en un intento de parecer relajada-interesante-sensual,  y no darle rienda suelta a mis nerviosos pies, que habrían estado dando vueltas sin parar si hubieran podido.  Di una mirada rápida a al gente que ya estaba sentada, y nada.  Por un segundo pensé verlo, pero no era (lástima, porque era un colorín maravilloso, pero que esperaba a otra mujer). Pasaron unos minutos, y lo veo llegar: pequeño, un tanto encorvado, pelo pegado a la cabeza…. Primer pensamiento en mi cabeza: Dios como mienten las fotos. Huye. Corre. No, no seas así… ¿cómo tan superficial? ¿Cómo sabes si atrás de esa espalda encorvada hay un hombre divertido y sensual, que te hace ver las estrellas, ah? ¿AH? Decidí no huir, hacerme la interesante, y fingir que no lo vi. Me llama:
– Hola, ¿dónde estás?
– Hola, acá, ¿y tu?
– Acá también, no te veo…
– Estoy en un farol
– Mmmm.. ahh, ahí te vi!  *tututututu*

Andrónico, que es como llamaremos a este ser humano, era un tipo peculiar. Me saludó con una voz al estilo Alfredo Lamadrid en “Humanamente hablando”, y con esa misma seguridad me dijo que parecía que estaba todo lleno, así que deberíamos buscar otro lugar. Caminamos en casi silencio, hasta llegar a un lugar… ¿cómo decirlo?… FEO. Ningún brillo. Pero nos sentamos ahí. Cada uno pidió algo para tomar. No habían pasado ni 2 minutos desde que nos sentamos, cuando me dice: “Ya, entonces cuéntame, historia de relaciones amorosas”. Quizás el blanco de mi cara le dio algo de información, porque se rió y decidió que esa sería una pregunta para después. Internamente yo sólo pensaba que este tipo hace tiempo que no salía de su casa, y que quizás tenía complejo de terapeuta. Minutos después mis dos hipótesis tuvieron resultados diferentes:
– No, parece que sale bastante de su casa, o al menos con gente de tinder, puesto que me confundió con al menos tres otras mujeres con las que también está saliendo. El rollo acá no es que salga con más gente, pero al menos apréndete qué conversaciones tienes con cada una!!
– Si, tenía complejo de terapeuta… por lo bajo.

Un error lo comete cualquiera igual… pero cuando me rebeló sus diagnósticos psiquiátricos, la muerte de su tía el día de ayer, entre otras cosas, empecé a pensar que quizás este no era el hombre para mi. Comentarios como: “si, creo que uno de mis hobbys es drogarme”, tampoco ayudaron, pero los podría haber dejado pasar. Ahora, cuando esos comentarios siguen de “en realidad me gusta juntarme a drogarme y ver películas con mi ex. Ella siempre elige”, ya no hay mucha vuelta que darle. La idea es promocionarse un poco, ¿o no?
Cuatro horas más tarde, y con dos tragos en el cuerpo, parecía que la cosa ya no daba para más. Nos fuimos a otro lugar -no sé por qué, como si hubiera algo más que decir. En el nuevo lugar él habló de su afición por descifrar a la gente, y comenzó a hacerme una suerte de tests. La verdad queridos, no les mentiré. La pasé bien con el loquito. El problema era ese, que estaba bien loco. De que me reí, me reí, pero tampoco negaré que cuando me miró y me dijo: “un tema más y cerramos, ¿te parece?” sentí un alivio tan grande como la risa que contuve. Nos despedimos rápidamente,  y nunca nos volvimos a hablar.

Ay Tinder, me haces tanto reír.

Los quieri,

Chai

Un encuentro con Frodo: historias de tinder

Sé que el título dice historiaS de tinder, pero en realidad esta será la única. Así que aprovéchenla!

Todo partió cuando, como les contaba anteriormente, decidí crearme una cuenta de Tinder para ver cómo era la fauna que habitaba esos lares. Al principio todo fue risas y bromas, pero al parecer poner tanto NOPE las sugerencias que me daba la aplicación se fueron afinando en función de mi gusto, por lo que aparecieron unos tantos sujetos que merecerían todos los deditos arriba del mundo. Sobre todo uno… pero no hablaré de él, porque nunca fue.  Pero en fin, para sorpresa mía, varios de los LIKE que di fueron correspondidos. Por lo que de la nada comencé a tener un pool de sujetos interesantes con los que podría hablar. Como soy gila, sólo le hablé a uno, y no resultó. Pero bueno. Algunos también me hablaron a mi, y con uno en particular la cosa anduvo bien (al principio). Conversamos un par de veces por ahí, y luego la cosa se fue a whazá. Parecía un loco buena onda, tierno, interesante. La verdad es que aún estoy tratando de dilucidar si realmente hablamos tanto, o si no fue más bien parte del vértigo que me causaba estar hablando con un completo desconocido. De hecho, si lo miro en retrospectiva, lo que nos dijimos fue bien poco. La cosa es que en ese momento parecía mucho. La guata se me hacía mariposas, porque hace siglos -o así lo siento yo- no tenía una interacción interesante con un hombre que esta interesado en mi. O sea, con alguien con el que al menos tengo algo de certeza. Una pizca de seguridad.

La cosa no se distendió por un mucho tiempo antes de que me dijera “¿salgamos?”. Miré la pantalla de mi celular como si me estuvieran dando el resultado de la PSU y, en mi agilidad mental, salí corriendo como una enferma. Esto no es metafórico, es real: salí corriendo por la calle. (Para ser justa conmigo misma, vi la pantalla, me quedé blanca y una de mis queridas amigas -que estaba junto a mi- me empezó a pedir explicaciones que no quería dar… así que corrí… y ella me siguió… harto rato). No había alcanzado a recuperarme, cuando decidí aceptar la invitación, y volví a palidecer con un “ok, nos vemos mañana entonces?” Chemimadre… ¿MAÑANA?

En algún mundo paralalelo me podría haber freakeado… MUCHO. Pero luego de años de encontrarme con puros señoritos, que calientan la sopa pero no se la toman, esta concretitud fue como aire limpio. Así que me freakie… pero dije que si.

Ay señor… si todo hubiera salido bien, esto sería perfecto. Como no, sólo es una gran historia.

¡No más!

No puede ser que mi vida social este sujeta a la soltería de mis amigas.

No señores. Cuando dejas de salir de tu casa porque tus amigas tienen pololo, significa que la cosa no está bien. Y no porque ellas ahora tengan mejores cosas que hacer, eso está muy bien. Sino porque tu vida no se puede reducir a tan pocas opciones.

Hoy la auxiliar de mi edificio me decía: si sus amigas están pololeando tiene dos opciones: o se busca un pololo, o carretea sola. Y esa es la franca verdad. Ahora, como eso de buscarme un pololo lleva años sin funcionar, creo que voy a tener que intentar la otra opción: carretear sola. O en otras palabras, conocer más gente, ampliar mi círculo y buscar más amigo@s.

Una soltera con cirrosis no puede quedarse con sólo con uno de aquellos adjetivos. O son los dos o no es ninguno. Después podría ser la comprometida curagüilla, o la polola tambaleosa. Pero no la soltera sobria. No señor. Soltera y cirrosa, y la boca le queda donde mismo.

Así que si nadie acá quiere cirrosearse conmigo… habrá que salir a buscar gente que si lo haga.

La búsqueda no será fácil señoras… pero lo lograremos.

Deséenme suerte.

Chai

USTED NO LO HAGA: La vida en tinder

Sé que todo el mundo dice esto, pero yo DE VERDAD que no me hice tinder para buscar pareja. El objetivo era otro, muy distinto y alejado. Todo partió por culpa de mi amiga “La-ansiosa-de-mierda” (de quién ya les he hablado) quién, además de haber estado soltera por un par de minutos, se incursionó en tinder para poder observar más de cerca ese extraño mundo virtual. El resultado: generar un vicio irreparable en estas “dos” solteras con cirrosis. Ah! pero antes que nada. Pongo comillas en dos, por una simple razón: Ya no somos dos, soy una. En ese momento éramos dos, pero ese momento evolucionó, el sureño se puso las pilas y soltera número 2 -como quizás ya se habían dado cuenta- agarró sus maletas y se marchó rauda de la soltería. Por lo mismo a partir de ahora (y bueno, hace rato ya) seré yo. La soltera número 1, que en realidad es “la soltera” nomás. Soy única, especial y sola incluso en esto. Yey (?).

En fin… volviendo al tema. Este vicio generado por nuestra querida amiga no es debido a la cantidad de lolos interesantes que hay en la aplicación. Oh no. Ojalá fuera eso señor. La kriptonita pasa por otro lado: la seria incapacidad para hacer perfiles decentes.

Lolo allá afuera… si usté está leyendo esto, POR FAVOR tenga en cuenta lo siguiente:
– Las fotos en el baño no son sexys. El WC no le da un toque a la imagen, créame.
– Las fotos en la cama no llaman a nada más que a decir: NOPE. Esto también aplica para las fotos en el espejo y el ascensor.
– Las fotos en el gym tampoco ayudan. Ni hablar de aquellas saliendo de la piscina. No es sensual, de verdad que no.
– Decir “prometo no tener buenas intensiones”, puede servir en algunas partes. Pero no en Chile.
– Evite poner frases mamonas, sacadas de wikipedia o de una canción de Arjona del estilo: “lo único que tengo es una sonrisa para darle al mundo”, “intermediario entre el cielo y el infierno”, “trabajador por el día, soñador por la noche”. Frases como al bien ilustrada en este video https://www.youtube.com/watch?v=znN6koQUyXY  (Minuto 00:06), no provocan tales reacciones. O bueno, quizás a algunas personas: piense en su público objetivo.
– Está bien ser ecológico, pero PORFA no ponga que su segundo oficio es “disminuir mi huella de carbono”. NO. NO.
– Poner 5 fotos, y que sencillamente uno no pueda tener la certeza de que es la misma persona la que sale en cada una de las fotos, o si en ninguna: se le ve la cara o se identifica quién es usted, generan desconfianza. Sea honesto y ponga su rostro bien de frente. Su madre hizo ese cuerpo con mucho empeño, no lo niegue.
– Insisto: evite frases cliché!! “Temí fracasar. Pero sólo fracasaré si no lo intento”. “Soñador de medio tiempo”
– No me interesa ver fotos donde sólo aparece tu guata, o tus calzoncillos.
– “Busco mujer para raptar. Doglover” no llama a nada más que a marcar el 133.
– ¿Anda buscando lola? NO PONGA UNA FOTO CON SU POLOLA! Tampoco con su mamá: gracias.

La clave es ser sencillo. Mientras menos meloso y menos creepy sea usté, más posibilidad de encontrar a una lola simpática con quien -al menos- chatear un rato. Ahora… siempre nos interesan saber más anécdotas, así que se abre la pregunta: ¿Qué es lo más freak que te ha tocado en tinder?

CUÉNTE, CUÉNTE, NO SEA FOME :D

Chai, los quieri.

No hay mal que no se pase con chocolate…

…O tomándose unas minis vacaciones.

Queridos lectores, he sido ingrata y lo lamento. Las últimas semanas el trabajo se convirtió en un hoyo negro que abdujo mi pobre y maltrecha existencia. Cuando decidió escupirme de vuelta al mundo estaba hecha bolsa… y no como me gusta. Estaba crítica señores. Deje de salir. Deje de dormir. Deje de tomar…. una vergüenza. Mi alma cirrosa escupe en mi cobarde semana. Ningún besito a la cerveza, ninguna copa de vino entre mis manos. Ni hablar de otro tipo más sofisticado/caro/tengo-que-salir-de-la-casa-para-tener-eso bebestible. En esos días mi cuerpo era 80% café.
Pero como no hay mal que dure cien años, acá estoy. El jueves huí de Santiago en búsqueda de un poco de calor provincial. Tomé un bus que me llevó mil kilómetros de la capital y me olvidé de todo.

Mejor ni les cuento el francés que conocí. Tampoco les contaré todas las lenguas en que hablamos… porque no hablamos en ninguna. No me pescó nunca. Soltera Forevah! Al menos no era gay (?).

Para hacer corta la cosa: lo pasé chancho. Caballo. Chancho. Gato. Pato. Ganso. Conejo… ah no, conejo no. Ojalá, pero no. Maldito francés. Lo pasé tu-pendo. Caminé por todos lados, tomé cerveza de distintos tipos, comí cosas ricas, metí las patitas al agua, vi bellos paisajes… nacionales e internacionales (vivan los hostales) e incluso di un paseo en bote (no llegaba a ser lancha, pero de que fue paseo fue paseo). Todo lo que uno necesita para relajarse y volver a la vida.

El único problema es que después de tanto mambo, estoy en la quiebra. Como siempre.

SUELDO DÓNDE TE FUISTE… oh fuck, ahora sí se.

Pronto más historias… MUAJAJA

CHAI

IMG_2310